Aceite de palma, everywhere!

¡La que se ha liado con el aceite de palma! ¿Es bueno? ¿Es tan malo como Darth Vader?

Quería decir “que no cunda el pánico” pero creo que ya es demasiado tarde. La nueva cruzada nutricional (y con razón) es contra el aceite de palma. ¿Por qué está en todos sitios?

Antes de sentarme a escribir este post, además de leer mucho, me he ido a mi despensa a la zona de desayunos. He ido ojeando, uno a uno, las composiciones de las galletas y cereales que tengo para averiguar si tienen, o no, aceite de palma y en qué cantidad.

Ahora mismo tengo más variedad desayunil que muchos supermercados así que la muestra de mi estudio es amplia. (Una galleta de vez en cuando no ha matado a nadie, por ahora).

Ni mis queridas Chiquilín se salvan. No digamos las galletas de avena y chocolate que acabo de comprar en IKEA. Mueslis con chocolate de diferentes marcas se van al hoyo. De mi despensa solo se salvan, redoble de tambores… los nuevos Nutri-mi special K de Kellogs. (Y no, esto no es publicidad). De hecho, es de los pocos cereales que tienen azúcar en una posición alejada de la inicial. Ya sabes que, en la lista de ingredientes, que todos hemos leído alguna vez desayunando medio dormidos, van de mayor a menor proporción.

Mi estudio no acaba aquí, señores. Como no hay nada que me guste más que hacer la compra y entrar a por una cosa y salir con diez, me he ido al súper a ver qué perlitas me encontraba. Galletas y cereales de desayuno, patatas fritas de bolsa, pizzas, chocolates, platos preparados… Hasta las clásicas Maria Fontaneda llevan aceite de palma. ¡Estamos rodeados, todo lleva aceite de palma!

Voy a puntualizar: todo, todo, no. Casi toda la comida preparada, si. Y yo te pregunto, querido lector:

¿acaso no sabíamos todos que la comida preparada no era lo más saludable?

Esto no creo que sea nuevo para nadie. Sabíamos que la bollería industrial va directa a nuestras arterias y que las patatas fritas tienen menos de patata que las orejas de Mr. Potato. Cuanto más procesado y más envoltorio tenga un alimento menos “natural” será.

No contenta con estudiarme toda la composición de las patatas fritas mientras se me hacia la boca agua, (malas serán, pero ricas están un rato) al llegar a la farmacia me fui directa hacia los potitos, leches y cereales infantiles.

Por ejemplo, los potitos Nutriben, quédate tranquil@, porque no llevan aceite de palma. Por el contrario, los cereales de la misma marca si lo llevan. Lo único que diré en defensa del aceite de palma es que la leche materna contiene ácido palmítico en un 25% de su composición. Pero no por eso, esta justificado el uso abusivo de este aceite. El ácido palmítico tiene dos formas de ser: alfa y beta palmitato. El alfa es el procedente de grasas vegetales y el beta el que procede de la leche materna.

No hace falta decir cuál es el bueno de los dos.

El beta-palmitato aumenta la absorción del calcio, mejora la composición de los huesos y la consistencia de las heces y tiene un efecto positivo en el desarrollo de la flora intestinal. El alfa, sin embargo, es lo opuesto: dificulta que se absorba el calcio y algunas grasas.

Ahora bien, ¿qué tipo de ácido palmítico tienen las leches de fórmula? Muchas no lo especifican y las que lo hacen lo ponen bien grande para que no haya duda de que añaden “el bueno” a su composición.

El problema del aceite de palma es su composición. Más del 50% de su composicion son ácidos grasos saturados, las grasas “malas”. Si lo comparamos con nuestro amado aceite de oliva, sale perdiendo por mucho. El aceite de oliva tiene alrededor de un 75% de ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico, grasas “buenas”). El 25% restante del aceite de oliva se reparten entre grasas poliinsaturadas (buenas también) y un pequeño porcentaje de grasas saturadas 12% (ácido palmítico, las “malas”). Ahí lo tienes. Nada que ver: más de 4 veces más grasas malas el aceite de palma.

¿Por qué la industria alimentaria utiliza aceite de palma? Porque es muy barato y se produce en zonas tropicales que, por desgracia, a nadie le importan. Si este aceite se produjese en Europa otro gallo cantaria. Pero se produce en su mayoría en Malasia e Indonesia, donde se está produciendo una deforestación brutal de sus bosques tropicales, con la consecuente muerte de muchas especies de animales. Mano de obra barata y bosques que arrasar. El combo perfecto para abaratar este aceite.

No solo es el precio el que manda.

Sus características se llevan “la palma”: es untuoso, se enrancia menos y aguanta más frituras. Pensábamos que habíamos avanzado y que la industria alimentaria había ido eliminando las grasas hidrogenadas por no ser cardiosaludables, pero no. Nos cambia las grasas trans por aceite de palma. Ole, ole y ole. Por lo menos ahora los fabricantes tienen que especificar en el etiquetado qué tipo de grasa vegetal utilizan.

Por si todo esto no fuera poco, el año pasado la European Food Safety Authority publicó un articulo donde explicaba los contaminantes que se producen al tratar a altas temperaturas determinados aceites. Sorpresa, sorpresa. El aceite de palma se suele tratar a 200ºC para eliminar su color rojo y mejorar el sabor. Tachán!  Al ingerir estos contaminantes nuestro organismo los metaboliza en un compuesto potencialmente tóxico, el glicidol. Te dejo este video por si te apetece profundizar en el asunto:

Con esto y un bizcocho (sin azúcar ni aceite de palma) queda todo dicho. Antes de comprar nada, nos empollaremos bien la lista de ingredientes, que lo que no engorda, mata.

Y tú, ¿qué alimento has descubierto que tenga nuestro saturado aceite?

firma paloma sastron toledo

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