La farmacia, más que un sitio donde se venden medicamentos es un centro social y más que farmacéuticos somos psicólogos y confidentes.

La gente se ampara en el secreto profesional y te cuenta de todo y más. Hoy te cuento la historia de una clienta de la farmacia, particular como ella sola, con unas manías de aquí te espero y más gallega que un percebe.

¿Mi niña, me trajiste el alcohol?

Ese suele ser el saludo de “Maruxiña”, la protagonista de nuestra historia de hoy (su nombre real nos lo reservamos, por eso del secreto profesional). Maruxiña es pequeñita, pesará 40 kilos y se alimenta a base de potitos. Puede consumir hasta 5 litros de alcohol a la semana. Y tú, como yo me lo pregunté en su día, te preguntarás para que quiere tanto alcohol esta señora.

Para evitar la contaminación.

¿Cómo te quedas? Ella, que sabe mucho, utiliza el alcohol como desinfectante de todo, todo y todo. Tanto ropa como seres humanos. Según Maruxiña, no para de entrar “humo negro” por las ventanas. Vale que en Madrid hay mucha contaminación. Pero, de ahí a que entre una sombra negra que se cuele por todos los rincones como en la mejor película de terror… Hay un paso.

Pero vayamos por partes, primero hablemos del alcohol. Del alcohol de desinfectar, me refiero, que más de uno está pensando ya en los gin-tonics after work que se va a tomar el viernes. El alcohol ha sido el gran desinfectante de toda la vida. Que tenías una herida, a sufrir un poco, que ese escozor del alcohol sobre una herida abierta no te lo quita nadie. Y oye, al César lo que es del César: qué hubiese sido de nosotros sin alcohol de desinfectar. Las bacterias nos hubiesen invadido. ¡Ah! Por si no te lo habia dicho. Ella lleva siempre encima una botellita de alcohol, yo no sé por qué ni para qué.

Lo que Maruxiña no sabía (ahora ya lo sabe porque se lo repetimos hasta la saciedad) es que el alcohol quema. De ahí el escozor. Ese escozor de los colutorios antiguos que aun siguen a pie de pista tipo Oraldine y similares. Eso mata lo vivo, lo sano y lo del más allá. Erre que erre con el Oraldine, que tiene más alcohol que el licor café que hacen las abuelas (gallegas, claro).

A lo que iba, Maruxiña tiene la piel quemada. Si ya de por si la piel de las personas mayores es más finita de lo normal, porque cumplir años es lo que tiene, la suya es casi transparente. Transparente, roja y MUY irritada. El vicio del alcohol se lo vamos quitando poco a poco y le vamos incorporando nuevas rutinas: cremas reparadoras. Una cosa es una crema hidratante para una piel sana y otra cosa es una crema reparadora para pieles sensibles irritadas. Algunas de estas cremas son: Cicalfate de Avène, Halibut (esta os sonará porque es de toda la vida), Skin food de Weleda o Aquaphor de Eucerin entre otras. Maruxiña ha reconocido abiertamente que:

¡Esa cremita que me das es muy buena!, ¿eh? (Léase con voz cantarina)

Dejando el tema del alcohol a un lado, hablemos de cómo evita ella “el humo negro”. Además de con alcohol en la ropa, mantas, sábanas etc. Si viene a la farmacia y compra tres cosas, cada cosa tiene que ir en una bolsita independiente. Y todas ellas en una más grande. Así preserva ella su alcoholito, su cremita y su Corrrrrrrega para los dientes (lo pronuncia con muchas “erres” no es que yo no sepa escribir, que tambien podía ser).

Pues eso, que no ganamos para alcohol y bolsas de plástico. Ya sabes, si te falta alcohol o bolsas para ir a comprar al súper, pideselás a la buena de Maruxiña.

Si quieres que te cuente más historietas, y tengo unas cuantas guardadas, ¡déjame un comentario aquí abajo!

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